Música para perder el metro

Música para perder el metro

A pesar de lo que hemos disfrutado destruyendo todo lo habido sobre el escenario, tímpanos incluidos, es el momento de dejar atrás el arte de la destrucción para centrarnos en el séptimo arte. Esta semana comenzamos a sumergirnos en las bandas sonoras de los filmes de algunos de los directores más melómanos de la gran pantalla. Seguro que el buen hacer de Martin Scorsese y su gran gusto a la hora de elegir canciones nos harán más corta la semana prevacaciones de Monkeysfaction.

After hours – titulada en castellano como Jo, ¡qué noche! en un nuevo alarde de creatividad de los retituladores españoles (quizá haya llegado el momento de cederle el puesto a quienes ponen los nombres a las operaciones policiales) – fue rodada a mediados de los 80, justo después de la casi desconocida El Rey de la Comedia. Scorsese aprovechó la recepción de un guión titulado Lies para volver a sus orígenes y rodar en Nueva York, concretamente en el Soho. Tras unos cuantos retoques y más que una referencia a El Proceso literario de  Kafka y al cinematográfico de Welles, el guión estaba listo para convertirse en un vertiginoso filme en el que protagonista vive una noche de pesadilla tras perder el último metro que había de llevarle a casa. Los pandilleros de Warriors. Guerreros de la Noche son sustituidos por extravagantes personajes para mostrar un Nueva York mucho más amable, aunque también más desquiciado.

Aunque el ritmillo de la canción nos da una idea de la frenética película, su letra no tiene mucho que ver con las peripecias de Griffin Dunne. Compuesta por los productores Tommy Boyce y Bobby Hart, Last train to Clarksville relata la historia de un soldado que llama a su mujer el día antes de partir hacia Vietnam para vivir otro tipo de noche alocada. El último tren a Clarksville es el convoy que ha de coger para llegar a tiempo a la base desde donde partirá a la guerra.

Los compositores también se encargaron de supervisar la grabación por unos músicos que desconocemos porque, por allá en 1966 no todos los miembros de The Monkees tenían los conocimientos necesarios como para tocar ni éste ni ninguno de los demás temas de la banda. Es lo que pasa cuando los dueños del dinero deciden fabricar un grupo a partir de una gigantesca audición a la que acudieron centenares de jóvenes a los que no se les pedía precisamente saber tocar ningún instrumento. No obstante, los chicos seleccionados se pusieron a ello y fueron capaces de grabar su tercer álbum de estudio, llamado Headquarters.

A pesar del esfuerzo, el final del grupo no se hizo esperar y tras negarse a grabar Sugar sugar, los mismos magnates que los crearon los sustituyeron por una banda de dibujos animados llamados The Archies. Cuando las marionetas adquieren voz, los dibujos animados son la salida. Cuán dura es la vida.

Aunque hace tiempo que es imposible disfrutar en vivo de The Doors, no es necesario recurrir a los dibujos animados ni a Val Kilmer y compañía para disfrutar de los temas de los angelinos. El próximo sábado el grupo tributo The Loords compartirá el escenario de Gruta 77 con Die Away (tributo a Led Zeppelin) y Satánicas Majestades (The Rolling Stones).

Cartel The Loords Gruta 77

Baldo Platillos

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